A PdePÀ te damos tres consejos para reconocer el pan de buena calidad

De payés, de centeno, de espiga, integral, gallego… En PdePÀ nos encanta el pan. Pero… no cualquiera. Nos gusta el pan de calidad: ese que te llena la boca de matices y sabor, el que te transporta a tu infancia nada más olerlo, que te comerías sin condimentos ni pizca de remordimiento.

¿Te gustaría saber cómo reconocerlo? Toma nota de estos consejos.

  • Fíjate en su miga. ¿Es excesivamente blanca? Si la manipulas con los dedos, ¿se estira como una goma o se deshace como si fuese serrín? Lamentamos decirte que el pan que tienes delante no es de buena calidad. No importa que sea de payés, de chapata o una baguette, su miga debe presentar color y su textura debe ser consistente.
    Son indicadores de que la harina que se ha utilizado para su elaboración no es muy refinada y conserva los nutrientes propios del pan. También de que, para su preparación, no se ha abusado de levadura y se han respetado unos tiempos de fermentación mínimos.

La consistencia, tonalidad y textura de la corteza
son claves para saber si es un pan de calidad

  • Toca su corteza. ¿Cruje y no se descascarilla? ¿Presenta matices en su color? Si es así, estás a punto de degustar un pan de calidad. Y es que, la consistencia, tonalidad y textura de la corteza no solo nos hablan de los tiempos de cocción al que se ha sometido, también de su elaboración.
    Excepto en casos específicos como el pan de leche o de Viena, desconfía de aquellos panes blandos o cuya corteza se rompa nada más cortarlos.
  • Huélelo y saboréalo. ¿Se te hace la boca agua nada más olerlo? Y, ¿qué pasa cuándo lo comes? ¿Percibes cada uno de los ingredientes con que está elaborado? Esa, sin duda, es la mejor de las señales. Quiere decir que tienes ante ti un pan de buena calidad. Porque este alimento debe tener personalidad propia y poderse disfrutar tanto solo como acompañado. No es un actor secundario en bocadillos y comidas. Debe tener un papel principal.